Semblanza de un prominente periodista y escritor
Manuel Chaves Nogales (1897 - 1944) nació en Sevilla y murió en Londres. Perteneció a la clase burguesa, hijo del periodista Manuel Chaves Rey, tomó el mismo camino de su padre hasta convertirse en uno de los más prestigiosos del siglo XX.
Abarcó, con una gran destreza, todos los géneros relacionados con el periodismo: relatos, artículos, reportajes, columnas y críticas… Pero lo más ilustre de su trabajo en el campo del periodismo fueron las entrevistas. Ya que fueron realizadas a las eminencias políticas y mundiales de aquellos tiempos, como por ejemplo, Alfonso XIII, los miembros del gobierno de la II República, Chaplin o Churchill entre otros.
En sus reportajes y crónicas mostró a España una Europa desconocida bajo dos movimientos muy arraigados y prominentes. El comunismo de la Rusia roja y el nazismo de Alemania. Sus reportajes eran totalmente certeros, no pretendían favorecer o desfavorecer a ningún extremo, sino que su propósito, bien conseguido, era que los lectores se situasen en sus ojos y viesen a través de ellos el panorama europeo.
Su principal desempeño en España fue como redactor del diario Ahora, en el cual tuvo la colaboración de grandes figuras como Pío Baroja o Azorín. Durante la dictadura de Primo de Rivera así como en tiempos de república, Chaves se mostró solidario en el diario con los republicanos, pero sin llegar a extremismos. Se llamaba a sí mismo “pequeño burgués liberal”.
Fue un gran escritor también, su obra más destacada A sangre y fuego (1937), nos relata la guerra civil con sus atrocidades. Escrito de una manera muy extrema y con un título muy melodramático nos envía un mensaje: ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Un libro que criticaba las masacres e injusticias de los dos bandos opuestos. Fue el famoso Andrés Trapiello quien nos volvió a recordar a este periodista y escritor en su libro Literatura y Guerra Civil (1994), donde analiza cómo eran los literatos durante la guerra.
Cuando la república cayó, Chaves se exilió por haber defendido explícitamente la república, al igual que la de muchos otros intelectuales. Fue un periodista que informaba con la mayor objetividad e imparcialidad sin llegar a ningún extremo. Aunque su trabajo no finalizó con el exilio a Francia, sino que participó en periódicos franceses y latinoamericanos, y más tarde con la BBC en Londres donde murió en 1944.


